Fare una passeggiata: sentido, lentitud y gracia
Nuit étoilée sur le Rhône, Vincent van Gogh, 1888 . Cuenta la leyenda que en Königsberg (hoy Kaliningrado) los ciudadanos ajustaban la hora de su reloj en función de los paseos del metódico Immanuel Kant (sí, el del "imperativo categórico" y no sé cuánto), quien salía a caminar todos los días a la misma hora, siempre puntual y sin excepciones. De hecho, le tenían tanta confianza que, en caso de que sus agujas marcasen que este señor había salido más tarde, atribuían la causa a relojes atrasados. Pero viajemos ahora a otro lado. En Londres, un hombre persigue, hasta la obsesión, a un anciano decrépito entre la multitud, según el relato de Poe. ¿Por qué lo hace? Bueno, porque su caminata no tiene un sentido particular. Y un destino más. En Arlés, de noche y a la orilla del río Ródano, una pareja de amantes se pasea contemplando las luces de las estrellas y de los edificios en una pintura de Van Gogh. ¿ Acaso son estos personajes los protagonistas? ¿O es la acción de pasear, má...