Una cuestión de piel
No todo lo íntimo ocurre hacia adentro ni tiene por qué replegarse. Si la intimidad no es un refugio —o al menos no un refugio cerrado—, si hay algo que permanece abierto, entonces lo íntimo también podría ser una forma de contacto. Suena extraño pensarlo así: tal vez la intimidad, en su imposibilidad de cerrarse, sea más expuesta que secreta. Desterrar la idea de lo íntimo como propiedad de uno, sugiere un encuentro inevitable donde lo mío ya no es mío porque el acontecimiento me excede. La intimidad, entonces, se produciría cuando algo en mí se abre y se expone al otro extraño. Hay algo que entra en contacto y, de algún modo, algo ya se está produciendo en el mismo instante en que acontece ese encuentro. Existe un término japonés, " Ma"間, que ofrece un ejemplo preciso para pensar esta apertura. En español podríamos traducirlo como "espacio negativo", una abertura o intervalo, pero no vacío de contenido. Tal como la luz que entra por la rendija de una puerta que ...