Acerca del movimiento en la creación
Puerta del Este, Xul Solar, 1935
Antoine Roquentin, célebre personaje de La Náusea (1938), en medio del pánico se repetía angustiado: “¿A dónde ir? ¿A dónde ir? Todo puede suceder” (p.92). Quizás esta desesperación del personaje resulte una vía propicia para pensar a la fase de caos que atraviesan la mayoría de los procesos de creación. Y es que, a fin de cuentas, atravesar un estado caótico donde las ficciones que sostienen nuestras vidas se desorganizan, poniendo sobre la mesa mil posibles, supone, sin dudas, efectos en quien crea. Otro personaje, fruto de una de las creaciones más metafísicas de Leopoldo Marechal (1999), Adán Buenosayres, exclama en una tertulia: “¡Es el caos, justamente! Así como en el Caos primitivo, antes de la creación, todas las cosas estaban, sin diferenciarse ni combatirse, así están todas las canciones juntas en el caos musical de la inspiración poética” (p. 251).
Caos y posibilidades que se mueven, Pessoa y sus más de 70 heterónimos, nosotros y mil opciones. Para ilustrar todo esto podemos hacer uso de un evento astronómico que ocurrió hace más de cien años en la costa oeste de Estados Unidos. Si las posibilidades de ver una estrella fugaz son escasas para nosotros, miren la suerte de esta gente: en noviembre de 1833, quienes se encontraban en la costa mencionada, contemplaron durante algo más de 6 horas una lluvia de estrellas rojizas (dato de color: como el radiante de estas estrellas era la constelación de Leo, se llamó a esta lluvia "Las Léonidas"). Es 1833, obviamente pensaron que era el apocalipsis. El cielo se iluminaba con cientos de miles de meteoros cayendo como una tormenta bañada de luz, la gente gritaba de fascinación y de miedo. El acto de creación, en definitiva, presenta un escenario similar a esta lluvia de estrellas fugaces, sólo que con miles de posibles cayendo del cielo y dibujando trayectos con velocidades cambiantes.
Se dibuja entonces un principio de movimiento en el proceso de creación, un movimiento de construcción-deconstrucción continuos que generan una promesa de porvenir, o como expresaba Derrida (2009): “Un movimiento que consiste no sólo en inscribirse en un contexto (…) sino también, al inscribirse, en producir un contexto, en transformar el contexto dado, abriéndolo y dando lugar a un nuevo dato contextual" (p. 33). Un movimiento de formas, relaciones, espacios, tiempos, personajes y escenarios. A mí entender, crear es producir posibles, pero los posibles no son entes fijos; se trata de una producción que supone también un movimiento constante de los posibles que se le han de presentar a la persona que crea, movimiento que podemos pensar como la condición necesaria para la continuación de la producción de posibles, siempre "abierta al porvenir" (Derrida, 2009). La base de todo lo existente sería entonces el movimiento y, en lo personal, me gusta entender al movimiento como el mismísimo devenir (ir siendo > ser), pero no me quiero poner demasiado existencialista porque siempre hago lo mismo.
Si las formas dadas y conocidas se desvanecen y reescriben de forma continua, se produce un movimiento entre “ser” y “no ser” (agarremos un cráneo y mirémoslo a los ojos para efectos dramáticos) donde la persona se percibe descentralizada, quizá desdibujada: sufrir el impacto de las operaciones creadoras supone un estado de desidentificación y de multiplicidad de lugares donde todo ser es un proyecto provisorio y en proceso, o como bien afirma el poeta y pintor Henri Michaux (1990): “Yo no es más que una posición de equilibrio (una entre mil constantemente posibles y siempre listas). Un promedio de yo, un movimiento de muchedumbre” (p.5). De hecho, miren una de sus pinturas más conocidas:
El caos creador movilizando toda organización previa, cual “cuerpo sin órganos” en términos de Artaud (2019), quien advierte sobre el hombre: “Cuando ustedes le hayan hecho un cuerpo sin órganos lo habrán liberado de todos sus automatismos y lo habrán devuelto a su verdadera libertad” (p.95). Es Deleuze (2018) quien, analizando las pinturas de Francis Bacon, retoma esta expresión de Antonin Artaud para hablar de órganos indeterminados, del organismo como el enemigo del cuerpo, es decir, de la ausencia de toda organización que puede evidenciarse en esta fase de búsqueda y transformación que tiene lugar en el acto de creación. Suely Rolnik (1996), una psicoanalista de San Pablo, analiza las obras de Lygia Clark (una artista brasileña que trabaja con experiencias sensoriales muy interesantes, recomiendo buscar sus trabajos), y describe al cuerpo sin órganos de la siguiente manera: “una especie de manantial de mundos -modos de existencia, yoes, cuerpos, como acontecimientos, como aquello que está siempre por aparecer, por ser producido” (p. 1). A esta altura estamos hablando de una producción de movimiento que ya excede al lenguaje y que es capaz de ir más allá de éste último, una producción que nos invita a recorrer otras lógicas posibles mediante la experimentación de aquello que va siendo. A mi criterio, lo más interesante de poder pensar a la creación y a su principio de movimiento es que ninguna de las lupas a las que estamos habituados nos va a alcanzar para comprender la complejidad de lo que se presenta. La creación no se reduce a la lupa del lenguaje, tampoco a la de la evidencia. Para crear hay que desprenderse de las lupas, la creación es indisciplinada.
Lluvia de estrellas fugaces, tensión entre yo y no-yo, posibilidad de ser y hacer lo que sea. En este sentido, el estado de extrañeza que produce la creación trae consigo, en estos movimientos entre lo conocido y lo desconocido-caótico, un inmenso horizonte de posibilidades que otorgan flexibilidad y movilidad a aquellas organizaciones previas que se hallaban entumecidas. El movimiento del proceso creador puede encontrar una forma (cuando arribamos a una creación), pero esa forma mantiene a su vez la capacidad de continuar moviéndose. ¡Qué insoportable! Todo se mueve, todo es desorden, y sin embargo, la vida es vida porque nosotros y lo que nos rodea (si es que podemos diferenciarlos) cambiamos. Hay un documental de Gregory Bateson, An ecology of mind (2010), que recopila una conferencia donde Bateson dice lo siguiente, acerca de este ecosistema cambiante y móvil:
"Entonces aquí estamos, flotando, en un mundo que consiste en nada más y nada menos que en cambios, porque si no hay ningún cambio, no hay ningún conocimiento. Sólo por la creación de cambio es que puedo percibir algo. Y en este mundo flotamos, hablamos, y hablamos como si, ya saben, como si hubiera un elemento estático en este mundo."
(En este punto me estoy dando cuenta que para hablar de complejidad en la creación no deberíamos reducir al movimiento que estamos describiendo a los meros y estrechos límites de lo humano, pero sigamos y otro día nos encargamos de eso).
No ser y ser todo, creación en la que, según Castoriadis (1986), nuevos órdenes se construyen a partir de lo indefinido y no determinado de todas las posibles significaciones (aunque yo cambiaría "significaciones" por "sentidos"). Crear se trataría entonces de “ir hacia un nuevo modo de ser, indefinido, indeterminado, donde causas y consecuencias tienen un lugar móvil, asumen la plasticidad del devenir ser, creando una nueva red de sentido y significaciones en múltiples direcciones las cuales están afectadas entre sí” (Marín, 2020, p.13). Pessoa (1984) lo ilustra perfectamente en uno de sus más maravillosos poemas, Tabaquería, que comienza así: “No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo”.
La existencia se trataría, entonces, de un movimiento continuo, regido por el cambio permanente, lo cual permitiría entender al ser como un proceso: “Nos encontramos siempre en proceso de llegar a ser, siempre hacia algo más allá de lo que somos en este preciso instante” (Martínez Robles, 2016, p. 218). Sobre esto, agrega el autor, entender a la existencia humana como ser-en-el-mundo supone concebirla como incompleta, y es en su búsqueda eterna por completarse que se ve llevada a buscar novedad (¡A CREAR! ¡A PRODUCIR MOVIMIENTO!). En este sentido, el acto de creación se vuelve una pieza fundamental en la producción de posibles que actúen como novedades siempre abiertas y en movimiento para crear "nuevas-novedades"; posibles que nunca completarán de manera total al ser, pero lograrán otorgarle un sentido a su existencia, un sentido reflejado en una búsqueda constante que permita, por medio del acto de creación, abrirse a la novedad y otorgar movimiento a lo conocido, sin aferrarse a este último.
Para terminar, quiero decir que hoy nombré a muchas personas que dicen muchas cosas acerca del movimiento, que es un tema que me apasiona. Sin embargo, creo que una de las claves del movimiento (si es que las hay) es olvidarnos de racionalizarlo y explicarlo. El movimiento no tiene nada que ver con la interpretación. ¿Dónde podríamos experimentar movimiento? En todos lados. ¿Hay un lugar privilegiado para hacerlo? Ni idea. Sólo sé que el arte es un espacio posible y que infinidad de artistas tratan de capturar al movimiento a través de experiencias sensoriales. Una de ellas es Lygia Clark, que mencioné anteriormente. También hay que tener en cuenta que el movimiento se puede experimentar sin advertencias, es decir, no hace falta que alguien, un artista o quien sea, nos diga "preparénse, vamos a movernos". Nunca vamos a estar preparados para el movimiento y, queramos o no, nos movemos. Todo se mueve (¡y menos mal! ¡si la creación produce posibles esos posibles tienen que moverse!).
Cierro con un poema de Roberto Juarroz. Dudo que tenga relación con lo que escribí recién pero considero que mientras menos explicaciones mejor.
Una red de mirada
mantiene unido al mundo,
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.
(Poesía vertical)
Gran parte de esta breve publicación son notas de mi tesis "El acto de creación: producción y movimiento de posibles" (Rosso, 2022), con la que obtuve el título de Licenciada en Psicología. Sin embargo, y en el afán de no embadurnarme en teorías, decidí mezclar estas notas con otros escritos que tenía apartados por ahí y algunas menciones a artistas que merecen la pena ser chusmeados. En esta publicación aparecen muchos nombres; recomiendo, a quien esté leyendo esto, que busque alguno de los nombres que le llame la atención. Creo que cuando logramos conectar nuestras propias referencias conocidas con nuevas referencias extranjeras, podemos enriquecer la materia prima para crear algo nuevo. Espero que esta publicación sea eso, simplemente materia prima para una creación más grande.
Referencias
Artaud, A. (2019). Van Gogh el suicidado por la sociedad. Edicol.
Bateson. N. (directora). (2010). An Ecology of Mind. [Documental].
Corbin, H. (1993). La imaginación creadora en el sufismo de Ibn Arabi. Ensayos/Destino.
Deleuze, G. (2012). Diferencia y repetición. Amorrotu editores.
Deleuze, G. (2018). Francis Bacon. Lógica de la sensación. Arena Libros.
Deleuze, G. Guattari, F. ¿Qué es la filosofía? Editorial Anagrama.
Derrida, J. Ferraris, M. (2009). El gusto del secreto. Amorrortu.
Fiorini, H. J. (2019). El psiquismo creador. Teoría y clínica de procesos terciarios. Lugar editorial.
Gordillo Álvarez-Valdés, L. (2009). Sartre: la conciencia como libertad infinita. Tópicos (37), 09-29.
Guattari, F. (1992). Caosmosis. Manantial.
Juarroz, R. (1980). Poesía y creación. Carlos Lohlé.
Le Nouvel Observateur. (23 de agosto de 1986). La vida como obra de arte. Entrevista a Deleuze por Didier Eribon. Deleuze Filosofía. http://deleuzefilosofia.blogspot.com/2007/07/la-vida-como-obra-de-arte.html
Marechal, L. (1999). Adán Buenosayres. Planeta.
Marin, M. F. (2020). Experiencia estética y salud mental: un escenario para la transformación individual y colectiva. Universidad Nacional de La Plata.
Martinez Robles, Y. A. (2016). Terapia existencial: Teoría y práctica relacional para un mundo post-cartesiano. Volumen I. Círculo de Estudios en Psicoterapia Existencial.
Michaux, H. (1990). Pluma. Traducción y presentación por Cristina Siscar. Diario de Poesía (15), 5-7.
Pessoa, F. (1984). Libro del desasosiego. Seix Barral.
Rolnik, S. (1996). Lygia Clark y la producción de un estado de arte. Imagens-uma Publicaçao (4). Traducción de Andrea Álvarez Contreras.
Sartre, J. P. (2003). El existencialismo es un humanismo. Octaedro.
Signorelli, S. Martínez Robles, Y. (2016). Desarrollos de la terapia existencial en Latinoamérica. Revista Latinoamericana de Psicoterapia Existencial (12) 29-38.


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