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Sería un capricho

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No tengo una buena razón para escribir hoy pero sí tengo el capricho de escribir sin tenerla.  La condición primera de un capricho es quererlo. Querer algo. Yo quiero que este texto funcione como un capricho, por ende no me interesa justificarlo (condición segunda: el capricho no se argumenta).  Si bien no hay una razón mejor que querer, para querer "en serio" es necesario un momento y una forma. Imagino el capricho de un cupido y su flecha, donde el ¡zaz! del pinchazo acontece con cierto timing y a la vez sin él. Nunca es el momento justo y sin embargo ese es el preciso momento del capricho. Es acá y es ahora.  Rara vez hay una connotación buena para el capricho. En general es sinónimo de inmadurez, exceso, desprolijidad. Viene asociado a interrogantes insoportables de: "¿Para qué querés esto?" o "¿Cuál es el motivo?", como si todo dependiera de una razón anterior. En el fondo, no estamos acostumbrados al sin sentido y eso que nos molesta tanto es exacta...

¿Y este sueño qué significa?

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Estaba en el departamento donde viví en mi infancia, pero al dar la vuelta me encontré frente al cajero de un supermercado, que extrañamente tenía el rostro de mi amigo pero el cuerpo de un marciano. Lo que me dijo no lo recuerdo; quizá fue un sonido ahogado, como un eco, o tal vez balbuceó la mitad de la dirección que tengo anotada en un borrador de mi mesa de luz. Sea lo que sea que me haya dicho, ahora corro, pues me persiguen unas sombras en el medio de un callejón oscuro por el que creo nunca haber pasado en la vida consciente, mas sí en algún que otro sueño anterior. ¿Lo recordaré todo cuando despierte?  Los sueños son extraños. Partamos de la base de que en el año 332 a.C., Alejandro Magno soñó con un sátiro bailando sobre un escudo. ¿Y eso que significa? Bueno, por suerte se trata de Alejandro Magno y estamos en la Antigua Grecia, claramente tiene un adivino personal. Se llama Aristandro, y de hecho lo acompaña en todos sus viajes. La cuestión es que en ese momento se encon...

Una cuestión de piel

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No todo lo íntimo ocurre hacia adentro ni tiene por qué replegarse. Si la intimidad no es un refugio —o al menos no un refugio cerrado—, si hay algo que permanece abierto, entonces lo íntimo también podría ser una forma de contacto. Suena extraño pensarlo así: tal vez la intimidad, en su imposibilidad de cerrarse, sea más expuesta que secreta.  Desterrar la idea de lo íntimo como propiedad de uno, sugiere un encuentro inevitable donde lo mío ya no es mío porque el acontecimiento me excede. La intimidad, entonces, se produciría cuando algo en mí se abre y se expone al otro extraño. Hay algo que entra en contacto y, de algún modo, algo ya se está produciendo en el mismo instante en que acontece ese encuentro.  Existe un término japonés, " Ma"間, que ofrece un ejemplo preciso para pensar esta apertura. En español podríamos traducirlo como "espacio negativo", una abertura o intervalo, pero no vacío de contenido. Tal como la luz que entra por la rendija de una puerta que ...

Pensar lo no pensado

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¿A dónde van a parar los deseos olvidados?  Raíces, follajes, rayos astrales, cabellos, pelos de la barba, espirales del sonido: hilos de muerte, hilos de vida, hilos de tiempo. La trama se teje y desteje: irreal lo que llamamos vida, irreal lo que llamamos muerte ( Octavio Paz, 1983). Aquí hablaremos de la relación entre lo que es y lo que está por ser, o de las cosas que son y serán al mismo tiempo. Supongo que en algún punto es posible relacionar lo que es con lo visible y lo que aún no es, pero será, con aquello que no se ve; en el medio, entonces, nos quedaría esa misteriosa "visión de lo no visible" que adquiere quien está creando algo, esa intuición creativa de lo que está por suceder o acaso ya venía sucediendo en silencio. Tantísimas expresiones dando vueltas entre nosotros: "de los laberintos se sale por arriba", "una vuelta de tuerca", "redoblar la apuesta", todas ellas haciendo referencia a pensar lo no pensado, subrayando la urgenc...

El secreto del perfume

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El secreto en sí mismo es mucho más hermoso que su revelación, al menos en el caso del perfume. Un aura misteriosa y de aroma placentero se desprende de glamorosos frascos de vidrio cuyo contenido rociamos en nuestros cuellos, pero también un halo secreto de contradicción y complejidad. Es que si indagamos en la composición de los perfumes más refinados del mundo a lo largo de la historia, no sólo encontraremos flores de resplandecientes colores y deliciosas fragancias, sino también rastros de compuestos químicos no del todo agradables que funcionan como fijadores y conservantes de la sustancia aromática, volviéndola más duradera.  Ninguna publicidad en blanco y negro con súper modelos arrastrando el vestido por el piso osaría aclararnos que parte de la composición del perfume que anuncian incluye bilis, heces y aceites provenientes de animales silvestres (o sus imitaciones sintéticas). Desagradables olores, disueltos en alcohol, constituyen el ingrediente necesario de cualquier pe...

Fare una passeggiata: sentido, lentitud y gracia

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Nuit étoilée sur le Rhône, Vincent van Gogh, 1888 .  Cuenta la leyenda que en Königsberg (hoy Kaliningrado) los ciudadanos ajustaban la hora de su reloj en función de los paseos del metódico Immanuel Kant (sí, el del "imperativo categórico" y no sé cuánto), quien salía a caminar todos los días a la misma hora, siempre puntual y sin excepciones. De hecho, le tenían tanta confianza que, en caso de que sus agujas marcasen que este señor había salido más tarde, atribuían la causa a relojes atrasados. Pero viajemos ahora a otro lado. En Londres, un hombre persigue, hasta la obsesión, a un anciano decrépito entre la multitud, según el relato de Poe. ¿Por qué lo hace? Bueno, porque su caminata no tiene un sentido particular. Y un destino más. En Arlés, de noche y a la orilla del río Ródano, una pareja de amantes se pasea contemplando las luces de las estrellas y de los edificios en una pintura de Van Gogh. ¿ Acaso son estos personajes los protagonistas? ¿O es la acción de pasear, má...

Sobre crear (lo-incierto-por-venir)

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The pink studio, Henri Matisse, 1911 La pintura de arriba es el estudio rosa de Henri Matisse, el famoso pintor impresionista tan conocido por el particular uso que hacía de colores vívidos, intensos y disruptivos. Pienso que no siempre pero, en algunas ocasiones, todos nos hemos hallado en un estudio (nuestra propia cabeza) intentando inventar algo. Tal vez no por propia voluntad o tal vez sí, pero allí estamos, en medio de un estudio desordenado o pulcro (francamente depende del caso), revolviendo materia prima para dar a luz a algo nuevo, a una creación que no necesariamente debe ser artística: a veces es un proyecto, una respuesta, un sentido.  Lo cierto es que crear resulta, la mayoría del tiempo, una experiencia más caótica que inspiradora. De hecho, puede que la inspiración nos dure cinco minutos y la frustración unos cuantos años, porque lamentablemente con inspiración no alcanza. Crear, en todo caso, es una experiencia de carácter vívido en la que la imaginación y el ...