Sería un capricho
No tengo una buena razón para escribir hoy pero sí tengo el capricho de escribir sin tenerla.
La condición primera de un capricho es quererlo. Querer algo. Yo quiero que este texto funcione como un capricho, por ende no me interesa justificarlo (condición segunda: el capricho no se argumenta).
Si bien no hay una razón mejor que querer, para querer "en serio" es necesario un momento y una forma. Imagino el capricho de un cupido y su flecha, donde el ¡zaz! del pinchazo acontece con cierto timing y a la vez sin él. Nunca es el momento justo y sin embargo ese es el preciso momento del capricho. Es acá y es ahora.
Rara vez hay una connotación buena para el capricho. En general es sinónimo de inmadurez, exceso, desprolijidad. Viene asociado a interrogantes insoportables de: "¿Para qué querés esto?" o "¿Cuál es el motivo?", como si todo dependiera de una razón anterior. En el fondo, no estamos acostumbrados al sin sentido y eso que nos molesta tanto es exactamente lo que el capricho viene a representar; el borde de lo imposible, ese abismo horroroso y fascinante donde nos confrontarnos con aquello que en el fondo ya sabíamos desde el principio: no sabemos nada. Ahí aparece lo que más me gusta del capricho y también su característica principal: es absurdo. Sí, por una cuestión de capricho me tomé el lujo de que las últimas dos oraciones repitan el recurso de los dos puntos. Qué horrible, qué infantil, qué poco atinado.
Loquieroloquieroloquieroloquiero -el corazón del capricho es empujar y por supuesto que esa urgencia tiene mala prensa. El problema, intuyo, es esa oposición tan armada entre "razón" y "capricho". La insistencia de este último viene casi siempre ligada a una especie de energía sin domesticar que termina desagradando, a nadie le gusta no tener un "buen motivo" antes de tomar una decisión o ejecutar una acción, y justo ahí está la trampa. La mayoría de las veces, el impulso antecede el criterio de las "buenas razones"; en otras palabras, los motivos vienen después. Antes de ordenarlo todo aparece un gesto caprichoso, porque razón y capricho están más mezclados de lo que nos gustaría. No es que primero entendemos y después queremos, frecuentemente queremos y después inventamos por qué (incluso los motivos más elaborados y criteriosos pueden ser caprichosos también).
Una última cosa. Es bien sabido que los caprichos no están diseñados para durar. Es como si no pudieran organizarse. Aparecen, empujan y se van. No se pueden retener ni justificar, todo inclina a pensar que son más molestos que otra cosa. Sin embargo, pienso (mentira, siento) que sería también un capricho invalidarlos por el mero hecho de ser fugaces. Puede que no estén hechos para quedarse pero debemos, al menos, reconocerles que hacen lo suyo. ¡¿Qué es eso que hacen?! ¡¿pARA QUÉ SIRVEN?! Qué exasperantesSSSS -al menos que sirvan para ALGO-. Pero eso sería pedirle a un capricho lo que no tiene, tristes explicaciones vacías que no sirven para nada. Los caprichos no buscan ser útiles para algo, en todo caso lo único que les interesa es acontecer y ya. Jugar, desacomodar, generar una tensión. Depende de nosotros precisar qué vuelta de tuerca queremos darle a lo absurdo de los caprichos, pero al menos, por favor (la súplica es caprichosa), reconozcamos que a veces son suficientes. Como quien dice "esto lo hice por amor al arte", ¿hace falta algo más que ese mero impulso creativo a obrar contra la razón?
Terminar acá sería un capricho,
también continuar.
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