Photodumps y contingencias


Photodumps casuales cuya escala de valores es la calidad y estética de las contingencias representadas. Cabría preguntarnos (sin siquiera empezar) acerca de la validez de aquello que allí ha de representarse como casual: ¿captar casualidad es, en estos tiempos e irónicamente, anticiparse y matarla?

Las advertencias con respecto a la generalización de realidades parciales en redes sociales parecían entenderse (en realidad casi nunca) cuando las fotos plasmaban vacaciones paradisiacas y looks perfectamente montados. Sin embargo las versiones curadas de lo casual que hoy marcan la agenda parecen ser incluso más engañosas: parecería que mientras más casual, más verdadero parece.

En principio debemos reconocer que curar lo casual es un arte, un trabajo de por sí artesanal que implica, mínimamente, reconocer aquellos eventos que, en su casualidad, lucen más interesantes (no sin dejar de ser casuales) que otros; en otras palabras, qué hecho casual combina con qué, qué colores resaltan en esa foto borrosa tomada “por accidente”, y desde luego, qué tan estética es la producción final, el collage al que dan a luz esos recortes tan difíciles de conseguir y recortar.

Sin embargo, todo arte implica una cuota de frustración. Después de todo, debemos considerar que ciertos eventos no serán vividos de la misma manera que otros si nuestra misión es incluirlos en un photodump: ¿qué significa salir a tomar un café con una cámara en el bolsillo? Y aún mejor, ¿qué significa reconocer que ese café no vale una fotografía, porque no cumple con los requisitos casuales necesarios para ser parte del photodump? ¡Tomar un café, el hecho más casual del mundo! Y ahora al revés, ¿cómo disfrutar un café helado que necesita captarse previamente en una foto (porque sí, este sí vale la pena en el collage)?



A mí la moda de los photodumps casuales me fascina porque considero que conlleva una manera quizás no nueva, pero sí maravillosamente interesante, de relacionarse con la “realidad”, que en este punto ya no sé cómo definir. La intención de hacer de lo casual algo “lindo” es a fin de cuentas lo mismo que la foto del paisaje paradisiaco y el outfit montado: no deja de ser una escena, planificada y armada. Y si bien estas escenas propias de esta época tan visual pueden resultar a veces nocivas en la construcción de nuestras subjetividades, son estas mismas escenas las que construimos desde siempre, máscaras ancestrales que toman distintas formas y colores con el paso del tiempo, pero con nuestro rostro siempre detrás de ellas. Un rostro estremecedor, enigmático y ominoso, un rostro que se escapa en cada contingencia no estética de esos “eventos casuales dignos de photodump” que conforman la máscara del hoy.

¡Como si pudiera haber historias verdaderas! Dejo una página de Sartre que leí hoy y que quizás puede resumir lo dicho a su manera, siempre a su manera: 




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