Señor-rayo: un paseo por Reggia di Caserta



Cuando viajé a Caserta, Italia, visité un palacio conocido por su enorme jardín, se llama Reggia di Caserta. Lo diseñaron para los reyes de aquel tiempo un tal Vanvitelli y su hijo. Supuestamente la reina Carolina pidió que le diseñen varios jardines secretos para escabullirse con sus amantes, y doy fe de que es muy fácil perderse en ese jardín de enormes dimensiones (de hecho colectivos llenos de turistas lo recorren de punta a punta). 
La cosa es que en Italia ya no hay reyes y ese palacio es la meca turística del lugar en el que se encuentra. El mármol que lo adorna y cada rincón diseñado por Vanvitelli es caminado día a día por miles de personas, entre ellas soldados que en la segunda Guerra Mundial lo usaron de refugio y dejaron marcas de fogatas en el piso (sí, en serio). A Vanvitelli no lo conocí pero me pregunto qué pensaría, quisiera saber si está orgulloso de la fama del palacio que diseñó alguna vez para esos reyes o si trina como un rayo en su tumba, enojado con los turistas y sus cámaras (entre esas cámaras la mía, claro). O a lo mejor Vanvitelli no piensa nada, no añora tiempos mejores ni le importa tanto porque está muerto. 


Atención y buenos días,

un señor raro 

se escurre por peligrosos vericuetos

con sabor a café en la lengua

(señor-rayo)

(señor sin cuerpo)

(señor febril)


Los arcos de los pies

provenientes del quinto punto cardinal,

cuasi flecha 

se traspapelan en la pradera 

de los árboles sin copa

(señor afilado)

(señor perfume)


Y ya no quedan más texturas

-advirtió alguien

hoy no hay 

o nunca hubieron


¿Y quiénes quedan?

Las estrellas señaladas 

por el dedo de chispa,

baldosas incorporales

y un sabor a café en la lengua


¿Y a dónde van?

A las estaciones del Reggia di Caserta 

o a un vals horrendo,

a un destello en los espejos

de María Carolina

o a la comedia de las ciudades rayo


Señor febril,

no hay fotocopias para el ánimo,

ni siquiera para los charcos amarillos

de los postes de Don Bosco.

Los postes melancólicos, ¿vio? 

Esos de visage grave

que electrizan a la nada

y se burlan de los ángeles 


Vanvitelli-drama

Vanvitelli-doble


El jardín de los amantes 

cristalizado en una galería

de rococó minado

y de rococó extranjero,

piensa la fiebre

que hubiera sido preferible 

morir en una arruga


Atención y buenas noches,

un señor engendro 

sueña con un palacio 

y no encuentra las llaves,

a la textura creyó sentirla

pero también se le escapó en el sueño

¡Y ya no queda nadie, señor raro! 

¡Ya no queda nadie!

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