Señor-rayo: un paseo por Reggia di Caserta
Atención y buenos días,
un señor raro
se escurre por peligrosos vericuetos
con sabor a café en la lengua
(señor-rayo)
(señor sin cuerpo)
(señor febril)
Los arcos de los pies
provenientes del quinto punto cardinal,
cuasi flecha
se traspapelan en la pradera
de los árboles sin copa
(señor afilado)
(señor perfume)
Y ya no quedan más texturas
-advirtió alguien
hoy no hay
o nunca hubieron
¿Y quiénes quedan?
Las estrellas señaladas
por el dedo de chispa,
baldosas incorporales
y un sabor a café en la lengua
¿Y a dónde van?
A las estaciones del Reggia di Caserta
o a un vals horrendo,
a un destello en los espejos
de María Carolina
o a la comedia de las ciudades rayo
Señor febril,
no hay fotocopias para el ánimo,
ni siquiera para los charcos amarillos
de los postes de Don Bosco.
Los postes melancólicos, ¿vio?
Esos de visage grave
que electrizan a la nada
y se burlan de los ángeles
Vanvitelli-drama
Vanvitelli-doble
El jardín de los amantes
cristalizado en una galería
de rococó minado
y de rococó extranjero,
piensa la fiebre
que hubiera sido preferible
morir en una arruga
Atención y buenas noches,
un señor engendro
sueña con un palacio
y no encuentra las llaves,
a la textura creyó sentirla
pero también se le escapó en el sueño
¡Y ya no queda nadie, señor raro!
¡Ya no queda nadie!

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