Cuando lo sólido se hace baba

Por Ethel Rosso

Nada es lindo en el proceso. De hecho, lo más inquietante del proceso es la falta de formas y límites que encierren una producción acabada, explicable, o acaso clara. Nada es lindo en el proceso y, sin embargo, todo es proceso, todo es camino hacia algo que funciona ya sea como objetivo o como horizonte. El ahora, entonces, como un proceso extraño donde lo sólido se hace baba y las transformaciones no hacen otra cosa que incomodar a lo que pretendemos mantener intacto. 

Lo paradójico de la dificultad a la hora de disfrutar de los procesos es cómo los procesos son lo primero que agradecemos cuando logramos llegar a ciertas metas. Podríamos decir que agradecer a posteriori el camino recorrido implica mirar para atrás desde el presente, que ahora es futuro para ese proceso anterior; pero, en el fondo, todos los tiempos no dejan de ser proceso. Alcanzar los futuros deseados, llegar a los horizontes, cumplir objetivos, no son más que instantes de felicidad que eventualmente (y en el mejor de los casos, me parece) se vuelven proceso hacia otra cosa, en otras palabras, los horizontes, las películas mentales que nos sostienen en una tensión entre dónde estamos y hacia dónde queremos ir, son también procesos, aunque nos engañen con su apariencia de imágenes congeladas.

Los procesos son incómodos y disfrutarlos o sacarles el jugo no siempre son opciones viables en medio de la incertidumbre de la falta de formas fijas. Sin embargo, poder reconocer que la meta tampoco es una forma fija, sino más bien una especie de película en constante transformación lleguemos a ella o no, es quizás una manera de relativizar la rigidez de nuestra perspectiva y sentirnos un poco más libres en el medio de este mundo poco cierto y, por poco cierto, tan lleno de posibilidades en movimiento, posibilidades múltiples y producibles, infinitos procesos hacia infinitos sentidos en metamorfosis. 

Cuando lo sólido se hace baba, la baba es libertad. ¿A qué forma se puede llegar modelando una baba? Probablemente a ninguna; y sin embargo ese fracaso es, el fondo, la mejor oportunidad: la baba de los procesos sin forma no es más que la materia prima electrizante que permite generar aperturas y grietas en el anhelo de lo estático, y entiéndase estático como algo muerto. Rajaduras que, con incertidumbre, producen libertad. Como dije al principio, nada es lindo en el proceso, pero experimentar esa extraña dimensión de los procesos entregándonos a la incomodidad que suponen es, tal vez, una confirmación de que estamos vivos, y que por ende somos capaces de producir movimientos y reestructuraciones sobre...supongo que eso lo puede responder cada uno.  


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