La arquitectura de soñar despiertos

Por Ethel Rosso


Vuel Villa, Xul Solar, 1936

     Soñar despiertos no conlleva vivir en la luna; o sí, pero no meramente eso. Ocurren, con impredecible frecuencia, pequeñas interrupciones en la "vida real" que se ofrecen al ojo atento de manera poco clara, pero no por ello borrosa. Agujeros por donde se cuelan, en cuotas, micro-dosis de sueños que quieren interactuar con el plano de los no-sueños y servir de materia prima a nuestra imaginación para construir realidades físico-soñadas, mezclas sin límites o con límites móviles, formas provisorias que pronto se convertirán en otras, y luego otras, y más tarde otras, y así sucesivamente, mientras bailan en el espiral de lo posible y lo concreto. Soñar despiertos implica, en mi opinión, una especie de trance ideal para todo creador: es el espacio atemporal en el que las ideas flotan y chocan armoniosa y desastrosamente, mientras se dibujan en un plano que responde a un diseño, y en un diseño que responde a la necesidad de construirse. 

     Quien sueña despierto es, de alguna manera, un arquitecto, y el hecho de que todos soñemos despiertos no significa más que la existencia, en el plano de lo posible, de un multiverso de ciudades soñadas (miles en nuestra cabeza, millones en todas las cabezas), de construcciones que obedecen a sus propias leyes físicas, a sus particulares gamas de colores y a los límites de sus propios espacios; ciudades construidas con un presupuesto que ya no toma la forma de un papel verde, sino la anti-forma de los elementos de nuestra imaginación, los productos del registro sensible que llevamos a cabo cuando nos paseamos por la realidad. La riqueza de los mismos será, entonces, directamente proporcional a nuestro nivel de atención: todo lo que usemos para construir estas ciudades-sueño dependerá del tiempo que dediquemos a anotar y registrar lo que nos inspire de nuestro entorno, algo así como hacer inspo-shopping. 

     Quizás habitar en las ciudades de la "vida real" (lo que sea que entendamos por real, insisto) implique un dilema cuasi ético para los arquitectos que sueñan despiertos, una pregunta que no pocos adolescentes se hacen en sus primeras clases de filosofía y no pocos niños formulan cuando se sienten, como de costumbre, sorprendidos por el mero hecho de existir. ¿Estamos despiertos o soñando? ¿Despertar es realmente cortar el hilo del sueño? Personalmente creo que durante el acto creador no hay límites para el tejido vigilia-sueño, y esto puede ser tan lindo como estremecedor, todo al mismo tiempo, todo en el mismo espacio. Construir el sueño con materiales del plano físico es lento y procesual, extraño e incómodo; de hecho, tal vez esta construcción nunca responda de forma perfecta a la belleza de su diseño. Sin embargo, jugar con los límites sueño-realidad tiene que ver con añadir micro-dosis soñadas a la construcción física para darle movimiento a sus toscos materiales, estar atentos (¿despiertos?) a los momentos en que esas micro-dosis se cuelan en este plano para burlarse de la estúpida economía mental que osa separar a los sueños de la vigilia. 

     Un regalo, una conversación, una canción, el color de una flor, anotar lo que soñamos. Todo puede ser materia prima para jugar y diseñar con la imaginación una ciudad-sueño que se nos ofrezca como terceridad en este plano donde todo parece ordenarse respondiendo a las leyes de lo dual. La arquitectura de soñar despiertos implica, como toda creación, una primera fase de exploración que desordene las formas conocidas para introducir, sutil y siniestramente (como en todo sueño), hilos de posibilidad que afecten, eventualmente, a nuestra comprensión de la vida, de manera tal que esta última se expanda. La arquitectura de soñar despiertos no busca otra cosa que expandir los límites de las ciudades, tal como lo hizo Xul Solar con Vuel Villa (1936) o García Lorca con Ciudad sin sueño (1940) y a su vez,  las ciudades-sueño no son otra cosa que nuestra propia comprensión de las cosas. Arquitectos de sueños somos nosotros mismos cuando "nos colgamos" con los ojos abiertos, pero podemos ser verdaderos arquitectos que construyen cuando exploremos y registremos, mediante la experimentación, las limitaciones de la realidad dormida. 

Créase o no, al relacionar entre sí las cosas más heterogéneas, yo quería emanciparlas de sus estrechos límites ontológicos para que tuviesen otras formas y otros destinos (Adan Buenosayres, 1948). 

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